Que triunfante la entrada del sol por las montañas. Que dulce su adiós en la sumersión marina. Que tristes son estos días opacos. Que majestuoso es el clima, por otra parte. Los árboles se hablan en ventiscas y comunican lo que pretende el cielo. En un murmullo las nubes susurran "lluvia", y de pronto el cielo se cae sobre la ciudad. (Los truenos no saben hablar en voz baja)
Y la tierra se despierta para jugar con barro. Juegan las piedras.
Juegan los charcos donde arrojo las piedras.
Juega el agua al kamikaze.
Las gotas se matan en mi cara. Y veo morir al cielo. El cielo se muere en mi cara, se muere en mi cara y en la ciudad también.
