Ojos señeros
Y hoy supe que, esa forma de mirar es la que ando buscando. Tan llana y transparente. Tan llena de la persona que construyó esa mirada. Una fijación falta de ausencia. Sin otro abismo más que el de desconocer nuestros nombres, o el de los veintitantos centímetros que nos separaban. Unos ojos sin nerviosismo, con suave convicción.
Qué pasaba, no sé. En otra dirección distinta al tiempo, no contraria, se detuvo el desencuentro del desuso. Una contemplación efímera que no se fugó de sí. Mas bien un trancurso de rutina que se fugó del momento. Una calidez imposible de palpar, incapaz de definirse en palabras.
Quizá, dentro mío, algo halló posibilidad en ese algo suyo. En sus ojos.
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Que loco, que... transitorio. En un vagón de metro, una mañana de un día que olvidaré cual es, entre un gentío anónimo. Una existencia que se tuvo que precipitar en la estación de arrivo, en la interrupción del altoparlante que anuncia la estación siguiente. En un viaje que se fue sin saber de quién o qué, del cómo, el cuándo o el porqué. Que solo conoce el dónde en el cual supe al fin, lo que debo buscar.

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