domingo, 10 de mayo de 2009

A solas

Estaba en casa escuchando la lluvia azotarse. Llorando sus gotas partidas sobre los muros, mi auto, el patio, mi ventana. Tenía desde hace tiempo obsesiones locas. Digo, siempre fui un poco obsesiva, pero cambié el enfoque. Ahora no me obsesionaba con personas, sino que con objetos. Colecciones.
Y siempre que llovía sentía una tanto tenebrosos los estantes que sostenían mis caprichos. Notaba todo el tiempo que había destinado a tatuar mi casa, y lo apartada que debo haber estado del mundo. Una de mis colecciones eran dibujos que hacía yo misma. No era una artista innata, pero, lograba transmitir mediante mi trazo nervioso, las extravagancias de mis pensamientos errantes.

Sola, propiamente tal, no estaba. Porque tenía a mi hermana, a mi ex novio, amigos, y los compañeros del trabajo. Y una gata. Los días de lluvia hacen que me pregunte porqué resulta escalofriante estar conmigo, viendo mi reflejo desdeñoso en la ventana. Sería quizá, porque temiera que el reflejo de alguien más apareciera, así de pronto. O porque la expresión de un rostro amargo causa angustia. Pero no tenía amargura. Sólo incertidumbre.
La hondez de un ser a solas es inquietante. Más aún si su entorno le recuerda su identidad al alcance de un vistazo.

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